viernes, 8 de febrero de 2013

El maestro, ¿un ladrillo más en la pared?

Hoy volví a ver el videoclip Another brick in the wall de Pink Floyd y no pude evitar recordar algunos detestables maestros que tuve tanto en la escuela como en el liceo, incluso en la universidad. Y lo más detestable, es que todavía existan "educadores" así en pleno siglo XXI.

Siempre me he preguntado si ellos son así porque no aprendieron una mejor forma de ser, porque fue lo que les enseñaron en la carrera universitaria, porque descubrieron que es el mejor método de educar o simplemente porque los estudiantes sólo responden satisfactoriamente a esa malsana manera de ser "educados".

Puede que esta forma de "educar" no sea otra cosa que el reflejo claro de una sociedad que únicamente sabe educar a sus hijos y ciudadanos de manera dura. Quizás una prueba de ello la encontremos en el enfoque sancionatorio de cualquier ley. También podría ser un reflejo del tipo de sistema educativo que tenemos, aunque se han hecho modificaciones importantes en los currícula y planes de estudio, pero que no se han materializado en la práctica necesaria; por lo menos no es tan evidente.

Sería interesante debatir al respecto. Puede que surjan argumentos aparentemente "sólidos" en favor y en contra. Y a mi juicio sería de enorme valor que los educadores participaran activamente en dicho debate.

No puedo evitar que cada vez que veo el video, me surjan preguntas como estas:
  • ¿Son los educadores autómatas que sólo obedecen a un sistema que les impone una manera de ser y pensar que luego reproducen en sus estudiantes?

  • ¿Son los educadores personas incapaces de liderar una transformación del sistema educativo desde adentro?

  • ¿Vemos a los educadores como los seres que tienen que hacer lo que nosotros somos incapaces de realizar en la sociedad?

  • ¿Pedimos a los educadores que hagan en la escuela lo que las familias no se atreven hacer en casa?

  • ¿Seguimos viendo al maestro como la máxima y única autoridad que lo sabe todo en el salón de clases?

  • ¿Se requiere de una gran rebelión de estudiantes para transformar realmente al sistema educativo?

  • ¿Comprendemos y aceptamos a los que no acatan "todas" las reglas que impone el sistema?

  • ¿Sometemos a nuestros niños y jóvenes a un sistema y un método mecánico, aburrido e inflexible que suprime toda manifestación de creatividad autónoma?

  • ¿Exigimos a niños y jóvenes lo que los adultos no damos ni cumplimos en nuestro rol ciudadano?

  • ¿Vale la pena ir a la escuela por séis o más años a "desarrollar" habilidades que podrían desarrollarse más y mejor en otra parte?

  • ¿Es la escuela el templo sagrado donde sólo es posible "aprender"?

  • ¿Es la escuela el recinto monótono que algunos pintan?

  • ¿Estamos haciendo lo suficiente para mejorar la educación en Venezuela?

  • ¿Es un mero anhelo una mejora de nuestra educación sin resultados hasta ahora?
Estoy convencido que ninguna transformación es posible si los que la deseamos no nos comprometemos en llevarla adelante y sostenerla a lo largo de la vida. Si no lo hacemos, nunca tendremos un cambio perdurable y trascendental.

No se trata de destruir infraestructuras ni quemar escuelas (aunque a veces nos provoque). Se trata de desaprender y reaprender; deconstruir y reconstruir el paradigma. Se trata de derrumbar las ideas obsoletas sobre fines y métodos empleados en el sistema. Se trata de mirarnos al espejo y reconocernos como seres capaces de ser mejores y de progresar más de lo que lo estamos haciendo.

Tengo la esperanza de ver más unidos a todos los que no estamos conformes con los resultados y la concepción actual del sistema educativo, el currículum, el método y los fines de la educación de mi país, proponiendo e impulsando una noción más progresista. No digo sustituyendo la que tenemos por una nueva, sino mejorándola y depurándola hasta lograr una igual o mejor a la de Finlandia. Nosotros también podemos ser tan buenos como ellos. ¿O no?





Autor: Yonathan Ruiz E.
Ciudad Guayana, 8 de febrero 2013
Twitter: @YonathanRuiz

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