martes, 12 de noviembre de 2013

Desafíos del docente desde un nuevo currículo

Por Yonny Galindo / 12 de noviembre de 2013 / Fuente: El Tiempo

La situación de la educación venezolana tiene que ser abordada transdisciplinariamente y con criterio de complejidad epistemológica. El abordaje de la escuela se debe dar con la conjunción y comunión de toda la sociedad, desde todas sus aristas, en sus diferentes planos de la realidad, estar entre ella, a través de ella e ir más allá de ella como lo plantea Basarac Nicolescu. Si no ponemos la escuela en esa compleja dimensión, nunca vamos a lograr transformarla para que ella a su vez transforme.
 
Esperamos que este nuevo diseño curricular permita ir en esa dirección. Ah, pero un detalle importante, requerimos de una formación, sobre todo compromiso del docente que propicie y permita abordar la escuela y redimensionarla; es decir, repensarla.

En la escuela de hoy los docentes trabajan solos, y ese desafío de transformar la escuela no lo puede asumir nadie solo. Si no existe una comunidad de aprendizaje dentro de la escuela, imposible realizar cualquier tarea que propenda a redimensionarla.
Para ponderar situaciones de vida que hagan posible, desde ellas, acercarse al mundo vivido de sus estudiantes, debe el maestro oír a muchos, y que toda la comunidad escolar se oiga a sí misma, se acompañe y se siga, para estimular el trabajo cooperativo entre todos los actores de la puesta en escena.

El vector que direccione el trabajo del docente tiene que ir hacia la reciprocidad en la ayuda, cooperación y colaboración en la acción docente. Ese es un primer paso que ayudaría a estar la escuela en convivencia y comunión con sus más inmediatos agentes educativos institucionales.

El hecho pedagógico en el aula debe producir un avatar, toda vez que es una puesta en escena, donde todos los participantes asumen su papel y lo interpretan según el rol que le correspondan. Ese elenco escolar tiene que crear una programación de cambios sustanciales en actitudes y capacidades.

Hacia esa hermosa inclusión tiene que ir el nuevo currículo, porque ¿qué sucede en nuestra escuelas que incluye en matrícula y nómina a muchos, pero que a pocos hacen participar? ¿Cómo puede articular experiencias sociales con experiencias de aprendizaje? ¿Cómo puede ayudar a cambiar realidades sociales de muchos de los jóvenes que ingresan a ella? Responder a estas interrogantes tiene que ser la base que sustente el nuevo diseño curricular.

El aprendizaje por competencias desde proyectos pedagógicos bien contextualizados son conceptos que deben manejar muy bien toda la comunidad escolar. Tener claro que los contenidos de cada área del conocimiento no surgen de manera arbitraria, sino que se sustraen de las necesidades de conocimiento que cada etapa de la vida escolar requiere, extrapolados con los contextos vivenciales y proyectados hacia niveles de dificultad superiores en su resolución o análisis fenoménico.

Lo dice Savater: “La enseñanza está ligada intrínsecamente al tiempo” (…) “Lo primero para educar a otros es haber vivido antes el conocimiento que desea transmitirse” Estas afirmaciones del filósofo vasco las ubicamos en el contexto escolar y no en aquello que él mismo afirma de que cualquiera es capaz de enseñar cualquier cosa. No nos ubicamos en aprendizajes meramente empíricos y tradicionales, sino en aquellos surgidos de constructos epistémicos.

Bien, lo cierto es que un buen currículo obliga a formar docentes emancipadores, que se conviertan en reactivos que hace que la otra sustancia, que con él interactuó, se transforme. Hacer reaccionar implica estar en condiciones de hacer entender o dicho al modo de Juan de Mairena: “porque hemos de comprender como jóvenes lo que pretendemos que los jóvenes comprendan”. Esos son de los más grandes desafíos que nos debemos plantear los docentes desde el nuevo currículo escolar.

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